lunes, 12 de diciembre de 2011

Por el nacimiento del río Gera


La zona tinetense de Gera y los alrededores del río Gera son parajes ideales para aquellos que quieran iniciarse en la bicicleta de montaña. Una visita breve a la zona para rodar por el Camino de Santiago hizo que nos quedásemos prendados de El Peligro por varias razones: por sus entornos suaves e ideales para la bicicleta de montaña y, cómo no, por su gastronomía. De ahí que encargáramos al amigo Carlos Coelho, casado con una natural de la zona, buscarnos una ruta para rodar un frío día del puente de la Constitución, que nos diera tiempo a disfrutar de las exquisiteces de Casa Vicente.
Una vez buscada la ruta, nos presentamos en el punto de salida de El Peligro (Tineo) el excepcional corredor de BTT Javier Muñiz, alineado bajo las marcas Damina-Garaje Paco-Asturcón BTT, Carlos (Morcín), Chus, el amigo Coelho y el que suscribe. Tras un humeante café de puchero servido por Manuela, en el figón de Vicente, nos echamos a la ruta trazada por Coelho, aunque el día se prestaba más bien para estar de cabaña, pues jarreaba agua y nieve que era un primor.
Salimos de El Peligro, tomando un camino paralelo a la AS217 que busca los praos de El Ganzu y los Payarones. Bajada que Carlos (Morcín) y Coelho enfilan a toda pastilla por el barrizal que dejan los grandes tractores que se mueven por la zona, que deben de ser inmensos a juzgar por las rodadas. La bajada va en busca del reguero de La Raigada, al que llegamos más que helados por el frío y el aguacero.
Todo ese compendio de agua, frío y lodazales a tutiplén hizo que pronto las estilísticas zapatas de los cantilever, o los ferodos de los frenos de disco, con tanto arenal cuarcítico se fueran al carajo de buenas a primeras, lo que obligó en Gera a una parada técnica, y a las operaciones de calentamiento, tras apenas rodar unos 3,2 kilómetros.
En Gera se toma un desvío-circunvalación que nos devuelve unos metros más adelante a la carretera TI-5, a la altura del Castañéu del Fozán, por debajo del monte La Berrusa, para trepar por ella hasta el carbayón Valentín, ejemplar que supera los 500 años y que presenta un perímetro de tallo que sobrepasa de los 10 metros. Visitado y fotografiado el notable carbayo, se desciende unos metros por la carretera hasta un camino que nos queda a la izquierda, frente por frente a una casa con escudo nobiliario. El sendero en un pispás nos permite meternos en un bosquete de abedules, llegando, de este modo, al pueblo de Vivente.
El chaparrón no amaina y poco podemos entrever de los parajes tinetenses por los que rodamos en plena soledad, pues parece que paisaje y paisanaje han optado por guarecerse del temporal que se avecina, ya que los primeros copos de nieve empiezan a posarse en nuestras trotonas.
Bajamos por un camino en buen estado al fondo de la riega para subir hacia San Esteban de Sobrado, 8,5 kilómetros de ruta. Allí requerimos a un buen señor que nos facilite aceite para nuestros desarrollos, pues las chupadas de cadena, dada la cantidad de agua y barro, se producen a cada instante y son situaciones incómodas y peligrosas.
De Sobrado salimos por el cementerio en dirección a Orrea, para lo cual hay que rodear el alto de la Cierva, llegando a alcanzar la cota de los 650 metros, buscando luego el reguero Villaverde, o de Gera, en su parte más alta, para luego remontar la vaguada desembocando en la solitaria aldea de Orrea, con 12 kilómetros de ruta. Desde la aldea partimos vadeando el reguero de La Focara, hacia Pereda de Sangoñedo, El Espín y el Fresno, entre cuyos núcleos el asfalto nos facilita el ciclado.
Rodar en primavera estos bellos parajes es toda una lujuria bicicleteril, pero llega el invierno y la época de los jabalíes, y ahí estamos nosotros compartiendo espacio, inclemencias y utopías con las cacerías y los charcales. Después de 15 kilómetros de ruta, el personal autóctono que transita entre El Fresno y Campiello (TI3) alucina mucho al ver aparecer a las cinco unidades del pelotón envueltas en la ventisca de nieve, que está logrando que las partes más sensibles de nuestro cuerpo, pies y manos, empiecen a ser como una arco iris que pasa del rojo al violeta más intenso.
En Campiello dejamos el asfalto a la vez que vamos cerrando el círculo sobre la cabecera del río Gera, para desembocar en Villajulián, donde la familia política de Carlos Coelho nos brinda la posibilidad de tomar un chocolate caliente y unos bizcochos, y hasta nos ofrece calentarnos en el interior de la casa, a lo cual nos negamos pues la cosa puede terminar con bata de guata y pantunflas.
El aguacero parece que amaina, aunque la nieve hace acto de presencia cuando arrancamos hacia San Martín por encima de la carretera que va a Gera. Ahora nos queda bordear la sierra de Sebrán, lo cual obliga, por momentos, a desmontar de la bici, dado el apelotonamiento de nieve en la cubierta trasera. Nos hace dar más pedaladas de las necesarias y todo para quedar donde estábamos cuando intentamos forzar las subidas, por lo que se produce alguna caída que otra, entre las que destacan las singulares bajadas de la trotona de Carlos (Morcín), que siempre queda amarrado a los pedales automáticos. Para que no me suceda tal cosa opto por unas singulares ataduras «power grip» que me regaló un buen amigo con taller en Caborana.
La zona más plana de la sierra, tras superar la riega de La Trapa, lo hago a pie. Nos metemos, tras una larga e interminable subida, en un tramo de grandes barcales de agua y barro. Nunca los vi tan grandes como en Tineo, pues su profundidad es tal que el caldo nos llega a la altura del eje pedalier, teniendo que meter los pies en la frialdad acuosa del charco.
La tuta va tocando a su fin, pues ya estamos muy altos, y aunque la climatología no nos permite ver gran cosa, entrevemos las preciosas praderías tinetenses. En verano o, mejor, en primavera puede ser una delicia recorrer los caminos que las circunvalan, pero hoy ha convertido la ruta en un especie de infierno aceptado, en el que la cantinela del día fue algo así como «no siento las manos». Menos mal que doña Manuela, de la Parrilla Casa Vicente, en El Peligro, nos brinda su hospitalidad y su estupenda gastronomía.

Tipo de ruta: Circular.
Longitud: 25 kilómetros.
Duración: 4 horas.
Desnivel de subida acumulada: 1.225 metros.